Si uno le pregunta a un miembro de la familia empresaria cual es la principal tarea pendiente para mejorar su empresa y prepararla para los siguientes desafíos, es común escuchar la palabra “profesionalizarla”.

Sin embargo, a la hora de hablar de profesionalización, en el imaginario de las familias empresarias aparecen varias interpretaciones. De lo que se habla en todas ellas es la necesidad de un cambio para hacer que la empresa siga siendo competitiva. Algo hay que mejorar: la organización, los procesos, el modo de tomar las decisiones, los métodos, la tecnología, etc., etc.

Es esencial tener en cuenta que la profesionalización no debe estar vinculada únicamente a la dimensión empresaria. La empresa familiar tiene la complejidad y riqueza de ensamblar dos culturas diferentes (la de la empresa y la de la familia) que muy frecuentemente friccionan en situaciones de crecimiento y/o crisis pero que consideradas y atendidas oportunamente y con los recursos necesarios redundarán en beneficio de las personas involucradas, la familia y la sociedad en su conjunto. Y, por supuesto, le permitirá a la empresa alcanzar con éxito los resultados hacia los cuáles se focaliza.

Sin querer ser excluyente, algunas de las temáticas de un proceso integral de profesionalización son:

  • Acordar acciones que permitan alcanzar de manera eficiente, eficaz y armónica objetivos y metas.
  • La definición y el funcionamiento de los ámbitos en los que se toman las decisiones, (propias del ámbito de los propietarios, de la dirección o de las gerencias)
  • La información tanto para la toma de decisiones como para los familiares no vinculados con la gestión.
  • El proceso de planificación y control de resultados.
  • La descripción de roles, responsabilidades y competencias (de los no familiares que trabajan en la empresa y de los familiares involucrados en la empresa trabajen o no en ellas)
  • El manejo del dinero por parte de la familia y su relación con los flujos empresariales
  • El proceso de convivencia y transferencia generacional.
  • El proceso de incorporación y gestión de RRHH (de familiares y no familiares)
  • El desarrollo de  las personas en las capacidades y habilidades necesarias para los roles que asuman 

Todo proceso de profesionalización deberá partir de la base de un diagnóstico sincero y realista, que tenga en cuenta el interés y la voluntad de la familia, los recursos de los que dispone y el contexto actual y futuro donde opera.  

Estas tareas implican la incorporación de aspectos renovados en la cultura familiar y la empresa, por lo cual es imprescindible tomar conciencia que el proceso a encarar será gradual, se deberán fijar metas parciales y deberá ser sostenido en el tiempo.

La profesionalización debe estar al servicio de la consolidación en armonía de la familia empresaria y la empresa familiar favoreciendo su proyección en el tiempo  en el logro de objetivos de mediano y largo plazo, abriéndose a su trascendencia.